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El Envite

El envite es en Canarias el juego de cartas más popular, sobre todo en las zonas rurales. Presenta ciertas semejanzas en su mecánica con el mus y con el truco latinoamericano. Es posible que todos ellos deriven del antiguo y famoso truque español, aunque los antecedentes más remotos haya que buscarlos en Asia, sobre todo en los juegos chinos donde la mímica desempeña un papel primordial. En Canarias se juega en todas las islas, con leves variantes que atañen a la terminología del juego (envío en Las Palmas, por envido en Tenerife) y al proceso del puntaje o valoración de los tantos o piedras. Se puede jugar entre dos, cuatro, seis, ocho y diez jugadores, siendo más usuales en Canarias las partidas de a cuatro, seis y ocho personas. Es juego de compañeros o de equipos. Y Según la modalidad que se adopte, cambia los triunfos y también las señas.

Como es juego de engaño, las señas que se hacen los jugadores para anunciar las cartas que llevan son de una importancia esencial en el envite. No sólo se trata de conocer los triunfos que tiene el compañero o compañeros, sino también de calar o descubrir las del adversario. La cosa se complica cuando los jugadores, que ya se conocen, emplean señas falsas o previamente convenidas. Un ejemplo de señas sería el juego de seis, el triunfo mayor es el tres de bastos, como matador fijo e independiente de la carta que se vire para señalar los triunfos. Le siguen en valor el caballo de bastos y la sota o perica de oros. Con el mismo carácter, si bien el tres de bastos en la única carta que goza del privilegio de no servir el arrastre, lo mismo que ocurre con la mala o malilla en el juego de a cuatro.

Las señas respectivas son: fruncir la nariz, para el tres de bastos; mueca de los labios, a ambos lados, para el caballo de bastos, y guiñar un ojo para la sota de oros. Asomar la lengua sigue siendo la seña de la mala del palo virado, el cuarto triunfo que sigue en importancia y valor a los tres fijos.

Cabe suponer que este juego en Canarias no se remonta más allá del siglo XVIII, cuando los naipes se agregaron al servicio de Aduanas. Con anterioridad sabemos a través de las Ordenanzas de Tenerife (1540) que todo juego de cartas estaba terminantemente prohibido; Yten que no tengan en sus casas los tauerneros e mesoneros tableros para jugar, ni naipes, ni dados, ni tablas. También el profesor Cioranescu cita un auto de la Real Audiencia, de 1785, incitando al cumplimiento de las pragmáticas sobre los juegos prohibidos: No se puede jugar a los dados, al monte, a la banca, al viro y a los naipes en general; el único juego tolerado es el billar, en su variante de trucos. Como se ve, Las Ordenanzas tinerfeñas del XVI recogen ya la palabra naipe, con el mismo sentido en que aparece en la famosa crónica de Viterbo, en 1379: Un juego que los sarracenos llaman “naib”. Es posible, como señala F. de Castro, que este sea el origen de la palabra naipe o “carticellas” como las llamaban los italianos de la época. Los mercaderes y los piratas sarracenos son los que, posiblemente, hayan extendido el juego de naipes.