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Carbonero

El carbonero, figura muy esporádica en nuestro entorno dado el clima canario, se recuerda por su aspecto fantasmagórico con la cara y las manos negras por el carbón acompañado por alguien de su familia casi siempre que tiraba de una carretilla, pero que gozaba de nuestra simpatía, cariño y respeto. El carbón era obtenido de las podas más gruesas del árbol con un gran poder calorífico, era utilizado habitualmente para cocinar o para calentarse si el riguroso frío apretaba.

El proceso de la elaboración del carbón en el campo era muy laborioso. Antes de cortar la leña había que limpiar las orillas de la hoya para evitar disgustos con el fuego evitando que el viento fuerte desplazara las ramas encendidas. Posteriormente se acarreaba la leña y las ramas de lentisco se prendían fuego y se dejaba a ras de tierra teniendo en cuenta la intensidad del fuego ya que si se calentaba demasiado rápida, el carbón se quemaría. Al finalizar el proceso, el carbón se dejaba enfriar y posteriormente se envasaban en los sacos de plástico hasta completar la carga que después nos servía el lento y sudado carbonero con su carretilla o peor, con su saco en la espalda que lo inclina, el pobre carbonero así camina, monumento viviente del trabajo…con las espaldas encorvadas y doloridas para llegar a ser humilde ambulante de su camino…